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La Coctelera

Mi vida como hombre lobo

24 Noviembre 2009

La Isla de los Licántropos

 

Vieja foto de un amigo en el Castillo de los licántropos, se enfado porque le saqué a traición cuando salía del baño.

 

 

Gerald Durrell hablaba de este estupendo lugar de vacaciones en su libro El paquete parlante. La isla de los licántropos, cuyo paradero no puedo desvelar, es uno de los mejores lugares donde relajarse plácidamente, si eres un hombre lobo, claro está. Tapizada por bosques interminables de frondosos y ancianos árboles, no puede haber mejor lugar para correr, aullar o acechar a nuestras presas.

 

En ocasiones, puentes y fines de semana sobre todo, me acerco a esta isla para pasar buenos ratos jugando al dominó con otros licántropos. De vez en cuando exploradores, náufragos o pescadores arriban a sus costas y, si no se van antes del anochecer, nos sirven de cena. Lo sé, lo sé, es cruel comerse a un pobre navegante, pero uno se cansa de las albóndigas en lata y cuando tenemos la oportunidad de zamparnos a un señor de Murcia, o de otro lugar, digamos que no le hacemos ascos.

 

En esta isla se encuentra el Castillo de los licántropos, un antiquísimo refugio construido sobre una montaña y con larguisímas galerías escavadas en la roca. Más de cien hombres lobo viven allí, distintas manadas a las que manda un solo lobo, el más grande, el más terrible y feroz. Su nombre es Fernandino, pero prefiere que le llamen Colmillo. Un apodo cariñoso.

 

Os diré algo por si sois viajeros, aventureros o exploradores de lugares recónditos. Si alguna vez llegáis a una isla donde el silencio es tan absoluto que hiela la sangre, huid, será La isla de los licántropos, allí ningún animal se atreve a gruñir, bramar o mostrarse fuera de la espesura, saben lo que les espera si son descubiertos.

 

 

 

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17 Noviembre 2009

El lobo que escribía poemas de amor

 

Tan bonito recitaba el lobo, que Jacinto no pudo disparar...


 

Hoy voy a contaros una historia curiosa, muy poco habitual en el mundo lobuno. Existen muchos tipos de hombres lobo: algunos se transforman y luego regresan a su estado humano, haciendo una vida normal, como es mi caso, otros, permanecen como lobos siempre, viviendo en cavernas y escondiéndose durante el día. Uno de éstos últimos era el bueno de Heriberto, un viejo amigo. Os contaré su historia.

 

Heriberto trabajaba vendiendo corbatas y otros complementos de caballero en unos grandes almacenes, un buen día, sin saber por qué, tras una terrible reprimenda de su infame jefazo, se convirtió en lobo y nunca más regresó al mundo de los humanos. Como todo el mundo sabe, la parte salvaje y antropófaga de un hombre lobo no es la de lobo, sino que la bestia se encuentra en el interior de la persona. Siendo así, se comprende como mi amigo Heriberto, aún en forma lobuna, fuese una de las criaturas más amables y consideradas de todo el bosque. Escribía bellos poemas que recitaba cada noche a la luz de la luna. Tan hermosos eran, que las lechuzas se agolpaban en los árboles cercanos para escucharlos suspirando de amor.

 

Cierta noche un cazador, de nombre Jacinto, con tres perdices al cinto, regresaba a su morada contento con su botín, cuando escuchó un sonido extraño. Miró tras los matorrales y vio salir de una cueva a un lobo negro y enorme, de refulgentes ojos verdes y colmillos desmesurados. Tembló desde los pies hasta el bigote, incluso un poco el cogote. Apuntó con su escopeta, amartilló el arma certera y cuando estaba dispuesto a matar a aquel engendro, el gran lobo se sentó y, con voz ronca y profunda, recitó con armonía:

 

Lobita linda que me haces suspirar,

¿por qué te escondes tras el matorral?

Si me acompañas a pasear,

Cogeré moras, cazaré un zorzal,

Y después te los serviré, para merendar.

 

Conmovido por las palabras del lobo, el cazador bajó la escopeta y, acordándose de las tartas de manzana que le hacía su mujer, suspiró de amor. Pero el lobo oyó el suspiro, y más rápido que un tiro, corrió hasta el pobre Jacinto, que suplicó por su vida. El lobo le dijo seriamente:


-Buen hombre, ya que pudiste matarme viendo mi aspecto de bestia, pero pronto al escucharme, bajaste tu fría escopeta, te recompensaré de buena gana, siempre que guardes el secreto de mi existencia.

 

Así lo hizo Jacinto, a nadie contó lo sucedido. Al día siguiente, mientras cazaba, el lobo le salió al pasó, y cual si fuera fiel perro de caza, enseñó a su nuevo amigo dónde encontrar perdices por doquier. Jacinto regresaba al pueblo todos los días con ricas perdices que asaba para su esposa y sus tres hijos. Todo el pueblo le envidiaba, algunos con cierta admiración y otros con malsana envidia. Pero de todos, el peor, era Horacio, al que todos apodaban el Terrible por su maldad. Era tan malo, tan malo, pero tan malo, que no le gustaba el flan.

 

Un mal día, Horacio el Terrible siguió a Jacinto y descubrió su secreto, pensó que la cabeza de ese enorme lobo quedaría muy bien sobre su chimenea y que todo el pueblo admiraría su hazaña. Así que invitó a cenar al pobre Jacinto, que no se atrevió a negarse aunque no le apetecía nada. Una vez en su casa, lo metió en un saco sin cenar y lo encerró en el sótano. Hizo el mismo camino que siempre hacía su cautivo y el gran lobo le salió al paso. Con voz atronadora el lobo dijo:

 

-¿Qué le has hecho a Jacinto, miserable?

 

Por ese instinto natural que tienen los seres mágicos, el buen lobo sabía que su amigo humano no había roto su promesa. Además, el día anterior, notó el olor del malvado. Las palabras del gran lobo aterraron a Horacio el Terrible hasta convertirlo en Horacio el Cobardica. Palideció por completo, hasta sus terribles barbas encanecieron, pero aún así disparó la escopeta. Le temblaba tanto el pulso, por el terror que sentía, que en lugar de al lobo atinó a un árbol caído. Heriberto era un buen lobo, pero el que intentasen matarlo le ponía furioso, así que arrebató el arma a Horacio el Gallina, levantándose sobre sus patas traseras, se acercó al aterrado cazador y le dijo:

-Vuelve al pueblo, bellaco, libera a Jacinto y vete para no volver. Si no haces lo que te digo, mañana, al anochecer, partiré la puerta de tu casa de un zarpazo y te devoraré hasta el bigote.

La voz cavernosa e iracunda del lobo hizo penetrar el miedo hasta los huesos de Horacio el Pavoroso, que hizo exactamente lo que dijo el lobo. Huyó del pueblo ese mismo día, ingresó en la orden de los monjes Franciscanos y dedicó el resto de su vida a cultivar mijo con cuyas simientes alimentar a jilgueros y petirrojos. Jacinto y el lobo Heriberto, aún son buenos amigos.

 

 

Saludos lobunos.

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25 Octubre 2009

Cómo me convertí en hombre lobo

Terror y pavor...

Varios de vosotros me habéis preguntado por este particular momento de mi vida, hoy os complaceré. Advierto, sin embargo, que los terribles sucesos que leeréis a continuación pueden herir a personas sensibles o de carácter asustadizo. Harán bien en temer, porque hay algo incomprensible ahí fuera, y sus intenciones no son buenas.

 

Yo era muy joven, un muchacho con el carnet de conducir recién sacado y dueño de una lata de sardinas a la que llamaba coche. Con mi flamante tartana puse rumbo a cierto y conocido macizo montañoso, siempre me ha gustado la montaña. Decidí salirme de los itinerarios habituales, de las rutas que frecuenta todo el mundo. Así, tras establecer mi campamento y haber dormido toda la noche de un tirón, me levanté a las seis de la mañana para realizar una larga travesía. Caminé durante largas horas y, cuando no me faltaba más que un kilómetro para llegar a unos antiguos refugios de pastores, donde pensaba pernoctar, cayó el negro manto de la noche cubriéndolo todo. Primero cubrió el suelo, luego llegó hasta mis botas y me pasó por encima, finalmente, todo se oscureció. Pensé que era afortunado, la luna llena iluminaba la montaña de tal forma que apenas necesitaba la linterna. Entonces, sentí un olor penetrante. Para un olfato entrenado, como era el mío, no resultaba difícil distinguir entre el rastro que dejan los gatos monteses u otros animales, pero éste era diferente. Daba miedo, mucho miedo. Sentí que aquel olor era el aviso de algo terrible. Apreté el paso y algo lo hizo también tras los árboles, sabía que las manadas de lobos a veces seguían a los pastores cuando éstos llevaban sus rebaños al redil, pero sin atreverse a atacar por la presencia humana. Intenté tranquilizarme con este pensamiento. Entonces escuché un rugido atroz y sentí un golpe que me derribó como si yo, que pesaba cerca de ochenta kilos, fuera una brizna de hierba. Luego vino lo peor, otro rugido y un dolor mortal, vi lo que parecía una enorme cabeza de lobo clavando sus dientes en mi costado con tal fuerza que pude oír cómo crujían mis costillas al quebrarse. Abrió la boca para darme el mordisco fatal y entonces, sacando fuerzas de flaqueza, me agarré fuertemente a su duro pelo y le mordí el hocico. Soltó un alarido y de un zarpazo me lanzó a varios metros, caí rodando por una pendiente, el monstruo venía tras de mí. Escuche balidos, ovejas que huían asustadas, la bestia estaba a mi lado y me miraba con odio visceral, en ese momento escuche tres rugidos atronadores que sonaban al unísono como un coro de barbería, los mastines que protegían al rebaño se lanzaron sobre la bestia, eran muy grandes, más de ochenta kilos de dientes fieles a la protección del rebaño. Aquellos tres perrazos, no sólo hicieron huir al hombre lobo, que luego descubrí era una anciana vendedora de queso de cabra, sino que, viéndome en tan lamentable estado, lamieron mis heridas y se quedaron a mi lado toda la noche. Hasta el amanecer, pude oír los aullidos de rabia del monstruo por no haberme podido devorar. A la mañana siguiente, mis heridas, que creí me matarían, habían comenzado a sanar y me encontré mucho mejor. Abracé a mis salvadores y emprendí la marcha de regreso al campamento. Aún no sabía que era víctima de una terrible maldición.

 

El médico achacó mis heridas al ataque de un oso, yo no le contradije para evitar que me tomasen por loco, pero lo que había visto era muy distinto. Al pasar por una aldea, tras el ataque, vi a una mujer de avanzada edad que vendía queso, tenía la nariz vendada y me miró con odio feroz. Me dijo: “muchacho, te llevas un curioso recuerdo de estas tierras...” Sin saberlo, me llevaba una terrible bestia de regreso a casa, yo mismo.

 

 

Felices pesadillas.

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13 Octubre 2009

Miedo Azul (Silver Bullet)

Aquí tenéis una película lobuna, basada en un relato de Stephen King. Ahora, a pasar miedo acompañados de la imprescindible mantita de cuadros, os servirá de refugio durante las escenas más sangrientas.

Aullidos cordiales.

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5 Octubre 2009

Transformación inesperada

Aullé amargamente esta luna llena, si seguís leyendo sabréis el motivo...

 

Ayer la luna llena se mostró en todo su esplendor y, como siempre que los mágicos influjos lunares actúan sobre La Tierra, los búhos hablaron, las vacas bailaron, las ocas cantaron y los hombres lobo salimos de juerga.

 

Particularmente, aunque me avergüenza reconocerlo, me despisté un poco y olvidé el día que era. Como os he dicho alguna vez, todas las noches me transformo en lobo pero, aquí está el problema, en las de luna llena lo hago de forma imprevisible, sin poder evitarlo. Para colmo, en el momento en que los macilentos rayos lunares me alcanzaron, me encontraba en un autobús urbano. Me transformé en segundos. De repente, sentí un dolor terrible en la espalda, me giré sobre mis patas traseras, pues estaba erguido, y contemplé un terrorífico espectáculo: una anciana me golpeaba con su paraguas al tiempo que decía: “¡lávate hippie, y córtate el pelo!” Todo esto sin dejar de atizarme tremendos golpetazos. Ante tal amenaza, salté rompiendo la ventana de emergencia del autobús y corrí sin rumbo por la ciudad. Siempre que me transformo voy a la montaña o, si no es posible, porque llueve y hace frío, me quedo en casa haciendo maquetas con palillos. Por este motivo, desconocía los peligros que entraña la ciudad para un terrible monstruo lobuno. Para empezar, en menos de diez minutos terminé en la perrera municipal. Lo sé, es humillante, confundido con un perro callejero, yo, toda una bestia legendaria. Lo peor vino después, me alimentaron con unas bolitas que sabían a caldo en cubitos y metieron en mi jaula a un San Bernardo que roncaba como un San Bernardo. A la mañana siguiente, ya con forma humana, me desperté completamente desnudo y abrazado a un perro de setenta kilos que olía a demonios, y os aseguro que los demonios apestan, aunque de eso os hablaré otro día.

 

Para finalizar esta terrible historia, os diré que, a eso de las nueve de la mañana, apareció el veterinario del penal perruno. Padecía de miopía y, a pesar de mi aspecto no lobuno, me clavó una aguja con brutalidad manifiesta, quedando yo vacunado contra la rabia.

 

 

 

Saludos peludos.

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16 Septiembre 2009

Fobias licantrópicas

Sí, algunos licántropos se marean con la sangre...

Seguro que muchos de vosotros pensáis que, cuando te conviertes en hombre lobo, abandonas cualquier característica humana. No es así, aquellas personas que, por poner un ejemplo, tengan fobia a las mariposas, la conservarán en su forma licantrópica. Imaginad a un hombre lobo huyendo de una mariposa, increíble, ¿verdad? Sin embargo, posible.

 

Os contaré el caso de mi amigo Gilberto, que siente asco y repulsión por unas doscientas ó trescientas cosas, sustancias y animales. Resulta que el bueno de Gilberto es el más desastroso de los hombres lobo, se desmaya cuando ve sangre. Él pone todo de su parte, persigue, ataca y muerde a mucha gente pero, en cuanto ve la roja hemoglobina, cae en un estado que podría definirse como una mezcla entre espanto mortal y desmayo fulminante. Como podéis imaginar, su pueblo pronto se llenó de licántropos, mordió a todos sus vecinos pero no se comió a ninguno. Ahora es un lugar divertidísimo, los fines de semana hay baile lobuno, concurso de aullidos y otros divertimentos. Comprended que no puedo deciros cuál es su pueblo, los turistas son el plato fuerte de las fiestas patronales y, si supieran todo esto, lógicamente no aparecerían como cada verano. Ah, Gilberto, también le asustan los bichos. En una ocasión, salió huyendo cuando estaba a punto de zamparse a una señora de Murcia porque ésta tenía un grillo en la nariz. También es escrupuloso, un hombre salvó la vida gracias a la gran cantidad de caspa de sus cejas, que no sólo quitó el apetito a mi amigo, también le hizo vomitar un sándwich de queso y tres pepinillos. Finalmente, vista la imposibilidad de comportarse como un monstruo decente, se empleó en el túnel del terror de una feria, y allí sigue,  alimentándose de sándwiches y pepinillos.

 

Ya lo sabéis, si os encontráis con una bestia feroz y devoradora de seres humanos, tal vez podáis salvar la vida agitando una lagartija frente a sus narices o colocándoos un escarabajo sobre la oreja izquierda. Todo puede ser.

 

 

Saludos lobunos.

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27 Agosto 2009

¿Existen los hombre lobo?

Algunas personas dudan de nuestra existencia así que, para sacarlas de su error, presento un par de pruebas al respecto.

En 1942 el famoso biólogo inglés George Barrington, encontró en Bulgaria el colmillo de una bestia nunca antes conocida por la ciencia. Las hipótesis fueron tan abundantes como investigadores contemplaron el hallazgo. Sin embargo, la aterradora verdad fue enterrada para evitar que la comunidad científica les tomase por locos. Aquí está la única foto que se conserva del colmillo, desaparecido hace décadas tras el sospechoso allanamiento del Museo Británico.

Por otra parte, en 1985, unos investigadores que intentaban grabar psicofonías en un bosque asturiano consiguieron grabar este terrorífico sonido tras la misteriosa desaparición de uno de ellos. No se encontró resto alguno de él, tan sólo grandes pisadas de lo que parecía ser un lobo caminando con sus patas traseras. Os presento en exclusiva este singular documento sonoro.

Quizás estas pruebas no os parezcan concluyentes, pero creáis o no, no salgáis de noche a pasear por el campo, por si acaso. Un cordial aullido.

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16 Julio 2009

En compañía de lobos

No recomendada para menores de 16 años

TITULO ORIGINAL The Company of Wolves
AÑO 1984
Zona 2 PAL
DURACIÓN :95 min.

DIRECTOR :Neil Jordan
GUIÓN: Neil Jordan, Angela Carter
MÚSICA: George Fenton
FOTOGRAFÍA: Bryan Loftus
REPARTO :Angela Lansbury, David Warner, Sarah Patterson, Graham Crowden, Brian Glover, Stephen Rea, Terence Stamp
PRODUCTORA :Palace / I.T.C.
GÉNERO :Terror. Fantástico
Subtitulos: Español
Menus interactivos / Biofilmografias director y actores/ Trailer

SINOPSIS: Tras presenciar la muerte de su hermana bajo las garras de un lobo, la joven Rosaleen regresa a casa de su abuela, lugar donde ella acostrumbra a contar historias a cerca del hombre lobo y del peligro que entrañan los hombres a los que las cejas se les unen en una sola.

Espero que disfrutéis de esta terrorífica película, el licántropo protagonista y yo fuimos compañeros en la guardería.

Aullidos cordiales.

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