Vampiros y hombres-lobo
Dice la tradición vampírica, que los muertos vivientes que se alimentan de sangre poseen la capacidad de transformarse en lobo. Así es, un vampiro puede aparecer como tal o en forma de licántropo. Esto hace que, al contrario de lo que vemos en algunas películas, vampiros y hombres-lobo estrictos nos llevemos bastante bien. Os contaré algo de mi relación con el vampiro más famoso de la Historia. Vlad Dracul, el empalador para los amigos. Hoy se le conoce popularmente como Drácula. Su antiguo apodo se debe a que, cuando vivía, tenía la costumbre de atravesar con un palo a sus enemigos (en realidad también a sus amigos) y luego clavarlos en el cuarto de baño como decoración, a modo de cómodos portarrollos. Espantoso. Os preguntaréis cómo un licántropo decente como yo puede juntarse con alguien tan malévolo, es sencillo, el tipo es de lo más divertido que he conocido en muchos años. Oscar Wilde, en su muy recomendable libro “El abanico de la Señora Windermere”, escribió: “es absurdo dividir a las personas en buenas y malas. Las personas se dividen en agradables y desagradables, simplemente.” Un ejemplo de gente desagradable son los zombies, ¿habéis estado en un bar de zombies? No os lo recomiendo, menos aún si sois de olfato delicado. No sólo huelen bastante mal, sino que su conversación es aburridísima, se pasan el día presumiendo: “que si ayer le comí el brazo a una señora, que si la semana pasada me comí un cazador de monstruos enterito…” Un verdadero sufrimiento escucharles.
Antigua representación de Vlad Dracul (Drácula), un tipo con el que es mejor no meterse pero que, como compañero de fechorías, no tiene precio.
Volviendo a Drácula, a pesar de haber sido atravesado, quemado, descuartizado y expuesto a los rigores solares en la literatura y el cine, os aseguro que sigue de una pieza. Recuerdo cuando le conocí, yo estaba comiéndome seis kilos de uvas que había robado de un viñedo, de dónde sino, no os sorprendáis, a los lobos nos encantan las uvas y nos ayudan a hacer la digestión, cuando pasó por allí un vampiro que estaba chupándole la sangre a un señor de Cuenca que, cáspita, resultó ser inspector de Hacienda. Claro, con ese oficio, en dos chupetones se vampirizó y se fue volando. Me pareció una situación muy divertida y me acerqué al vampiro, le reconocí al momento, esos bigotazos sólo podían ser de Vlad Dracul. Le invité a perseguir cabras conmigo, y, ya que había terminado con su curiosa víctima, se transformó en lobo y nos fuimos de juerga. Cuando nos cansamos de perseguir al ganado nos fuimos a asustar transeúntes. Lo malo es que ninguno se dignó a fotografiarnos, que es lo que queríamos nosotros para que nos sacasen en el programa de Iker Jiménez. Desde aquel día nos hicimos muy amigos, quedamos un par de veces al mes para hablar sobre nuestros problemillas cotidianos, devorar incautos que se adentran durante la noche en bosques sombríos y jugar al billar. Lo último no es broma, Drácula tiene una magnífica sala de billar en su castillo, así como otros divertimentos. Aunque no me deja jugar con algunos, se enfada bastante cuando me tomo demasiado en serio eso de comer las fichas en el parchís.
Hasta pronto.
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mirreya dijo
Ja ja ja...perdon!!! Asi que sales de marcha con Dracula??la verdad es que este tio nunca me ha caido muy bien, pero claro no le conozco personalmente, asique tampoco puedo opinar mucho....
No tenia ni idea de que se pudieran convertir los vampiros en hombres lobo...interesante.....
Sigue contando, besos, Mireya
9 Febrero 2009 | 01:54 PM